Bélgica, una tierra fértil (poco difundida, eso sí) dentro del pop/rock alternativo a nivel europeo e incluso mundial. En los 80, el mítico sello Les Disques du Crepuscule acogió a músicos de la talla de Michael Nyman o a grupos seminales como The Pale Fountains o Tuxedomoon. Con el paso de los años el testigo lo fueron recogiendo nombres conocidos como Soulwax/2 Many Dj's, Das Pop o Vive La Fête. Pero de todos ellos destacan con merecimiento dEus, tanto por la brillantez como por la longevidad de su trayectoria.De sus comienzos a mediados de los 90 quedarán en la memoria joyas como Suds & soda, Little arithmetics o Fell off the floor, man, las cuales reflejaban que aquellos chicos provenientes de Amberes sabían lo que se traían entre manos. Aquel rock imprevisible sustentado en las letras de su cabecilla Tom Barman y el contrapunto jazzístico de su eterno acompañante, Klaas Janzoons, convirtieron discos como su debut, "Worst case scenario" (1994), o el posterior "In a bar, under the sea" (1997) en una vía de escape a la escena americana post-grunge o a la marea brit-pop de la época.
La entrada en el nuevo milenio no supuso merma alguna en la inspiración del grupo ni en su intencionada mezca de estilos, aunque se notaba en cierta manera mayor espíritu por adapatarse a los tiempos modernos. Precisamente ésa es la línea que se traza desde "Pocket revolution" (2006) hasta este reciente "Vantage point", en el que destaca la electricidad de las guitarras de When she comes down, Oh your god, The architect o Favourite game, uno de los puntos culminantes en el que la voz de Barman parece dejar clara su cercanía a Ian McCulloch y Echo & The Bunnymen. También hay cabida para momentos más pausados y reflexivos donde las melodías toman protagonismo, véase Eternal woman y la que sirve para anticipar el cierre del disco, The vanishing of Maria Schneider.
Cual partido de tenis, y utilizando un término propio de ese deporte, dEus siguen pasando la pelota de un lado a otro del campo con fuerza, superando con facilidad la red, sin apabullar al rival pero seguros de que ganarán porque tienen el punto de ventaja a su favor.
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