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ART BRUT - ART BRUT VS. SATAN

Eddie Argos, ese hombre. El que airea en sus canciones sus propias miserias. El que se ve como un patético personaje que a su edad no tiene novia ni mucho menos triunfa entres las mujeres. El que aún guarda su colección de cómics y espera que nadie se burle por ello. El que sube al pedestal a sus ídolos musicales y entierra a los que odia. El que desde que se metió en el negocio discográfico no quiere que la industria se la meta doblada y le lanza dardos sin parar. Y todo ello con gracia. Porque no hay nada mejor que empezar a reirse de uno mismo para tener la legitimidad de criticar a los demás y todo lo que se mueve alrededor.
¿Qué haríamos muchos sin ti, Eddie Argos? Cuando a estas alturas Jarvis Cocker se dedica a ir por su cuenta y a recoger reconocimientos de alguna que otra universidad británica, Eddie y sus secuaces son los mejores representantes dentro del pop-rock actual del pueblo de a pie. Vale, de todo el mundo no, pero al menos sí de aquellos que se sienten desubicados.
Si "Bang bang rock & roll" (2005) se centraba en sensaciones juveniles e "It's a bit complicated" (2007) en la música pop y sus significados, "Art Brut vs. Satan" es el reflejo de las dificultades que surgen cuando quieres que tu banda se mantenga a flote (tema recurrente en muchos discos de otros tantos grupos). Como si desearan darle a este álbum un punto más de ruido, echaron mano del mítico Black Francis para que tomase los mandos en el estudio. Pero realmente ni era necesario (ni rastro de la huella Pixies) ni se nota en el producto final. Art Brut siguen siendo Art Brut. En su sonido, en su ironía, en sus ganas de divertirse y divertir, en su empeño en decir lo máximo posible en tres minutos. Qué mejor manera para describir una noche de borrachera mayúscula y sus consecuencias que en Alcoholic unanimous (recomendada para grandes tardes de resaca). Si aflora el síndrome de Peter Pan, exorcizarlo con DC comics and chocolate milkshake o Am I normal? Y si alguien busca más razones para mandar al infierno a los titiriteros del imperio musical, que arrime la oreja a Demons out! y Slap dash for no cash.
Dado que éste es el tercer trabajo de Art Brut, cabe preguntarse si sería posible introducir aunque fuese con calzador la palabra madurez o algo parecido. Mejor no, What a rush y The Replacements así lo demuestran, ya que no hay edad para seguir hablando de chicas y de grupos nuevos a descubrir. Qué más da si se hace con veinte, treinta o cuarenta años.
Probablemente Eddie Argos nunca llegará a ser candidato de ningún partido político de su pueblo, ni aspirará a presidente de su comunidad de vecinos, ni siquiera a que lo consideren como el yerno ideal. Basta con que siga adelante con sus consignas y sus tropelías varias en cada disco que publique con sus compañeros. Estaremos atentos a lo que nos tenga que decir.

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