La década de los 80 ha vuelto, todo el mundo lo comenta y lo difunde. Y se va a quedar por mucho tiempo. De ahí que proliferen en cualquier ámbito referencias que nos llevan a esa época y parte de la historia. Musicalmente hablando, a comienzos del esperado y a la vez temido año 2000 ya se vio la primera punta de lanza de este revival. El denominado electroclash irrumpió con tal fuerza que engullió a su paso todo aquello que no tuviera nada que ver con la laca, las hombreras, el maquillaje y los sintetizadores. El principal defecto de toda aquella corriente y que a la postre sería su certificado de defunción fue que se mostraba demasiado artificial, y se centraba casi exclusivamente en triunfar en las pistas de baile. Salvo honrosas excepciones (Felix Da Housecat y Miss Kittin), los "one hit wonders" eran el pan de cada día y los supervivientes de aquel tsunami electrónico se pueden contar con los dedos de una mano.Ahora toca vivir la segunda fase de aquella invasión, con dos diferencias notorias: la música, a pesar de salir de las mismas máquinas, se tornó más orgánica, y sus protagonistas son indiscutiblemente mujeres, chicas guerreras que tienen mucho que decir. La variedad de nombres, orígenes e intenciones es amplia: Little Boots y VV Brown (Gran Bretaña), Lady GaGa (USA), Sally Shapiro y Robyn (Suecia), Annie (Noruega), Ladyhawke (Australia) o Yelle (Francia). La lista podría ser mayor, pero aún así la que adelantó a todas por la derecha (saltándose la norma o no, según el lugar en que se aplique), fue La Roux. Aunque su apodo artístico provenga del francés debido a su color de pelo, la británica Elly Jackson (acompañada a los teclados y producida por Ben Langmaid) tomó como punto de partida influencias de su propio país (sobre todo Eurythmics) para parir su disco homónimo y de paso aplicar una capa más brillante a la estancada escena de las nuevas electrodivas.
La misma La Roux se encarga de afirmar que el argumento principal de sus canciones es su experiencia vital, y como sucede en la música pop, el amor. Si a eso le añadimos que todo ello se incluye en auténticos hits la fórmula funciona a la perfección. La primera mitad del álbum es difícil de superar: In for the kill, Quicksand, Bulletproof y I'm not your toy son auténticos himnos de autoafirmación (femenina o no) para gritar con elegancia "aquí estoy yo y nadie me va a usar como un objeto", aunque en algún momento abuse del falsete, la voz aguda y los sonidos de juguete. En la segunda parte baja un poco el listón, sobre todo por incluir lo pertinentes medios tiempos para darle más profundidad a sus palabras, aunque no pierde el punch inicial (As if by magic o el bonus track Growing pains).
Si el gran objetivo de esta nueva ola ochentera es recuperar aquella mezcla perfecta entre medio y mensaje de los originales, La Roux logró los resultados más llamativos. Si es una mera copia o recicla mejor que nadie los materiales, que cada uno lo decida escuchándola.
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