Una imagen difuminada, de tono ocre, con fondo oscuro, forma la portada. Como si en la época que nos toca vivir todo se viese así. Se intuye una figura femenina, lo que se relaciona con la idea principal que Robbie Furze y Milo Cordell deseaban transmitir con "A brief history of love": repasar las diferentes estados en los que se materializa el amor, a día de hoy. Porque este disco desprende buena parte de esa sensación de soledad, desazón, incertidumbre, frustación y desolación que surge en cualquier relación personal-sentimental propia del siglo XXI.El arranque con Crystal visions (pausado, hasta que entra la parte vocal) lo reafirma con su ambientación nocturna y urbana, a la que le viene como anillo al dedo el halo shoegaze que impregna todo el minutaje del álbum. Las guitarras ahogadas, la voz etérea y los teclados distorsionados hacen el resto. Y como el asunto iba de amor, el dúo británico pronto nos lo recuerda con Too young to love: "Una vez, ahora y entonces, nunca más". O de cuando se pierde la inocencia una vez probado el sabor amargo de una decepción. Algo parecido sucede con Dominos (una de las canciones de 2009), cuya melodía más brillante esconde un poso pesimista: "El amor más duro tiene el final más frío". El ritmo y el estribillo casi extraidos de los mejores Ride de principios de los noventa de At war with the sun anticipan el punto culminante del disco: Velvet. Otro de los mejores temas del año pasado que debería servir como terapia para todo/a aquél/aquella que no encuentra el antídoto necesario a la sensación de pérdida y vacío. La vida funciona así, el que la hace la paga.
La voz femenina no podía faltar para darle el contrapunto perfecto a este retrato musical. La canción que da nombre al disco actúa a modo de epílogo dejando alguna que otra respuesta en el aire, con lo que al final es mejor contar desde diez (Count backwards from ten) para que cada reflexión se vaya asimilando con parsimonia.
Los corazones más delicados pueden buscar refugio en esta breve historia de amor en cualquier momento que lo necesiten. Y los que aparentan ser más duros que una piedra ya tienen una forma de ablandarse y abrir sus puertas para que entre una pizca de calidez en ellos. A pesar de que en los tiempos que corren cada vez se permita menos.
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