Hay grupos que se empeñan en tirar de la experimentación (entendida como dar un giro a su estilo habitual y conocido) cuando llega la hora de construir el tercer disco: se supone que debe aportar más que el segundo, el de la confirmación, y escapar del primero para no repetir la fórmula, aunque hubiese tenido éxito. En esos terrenos parece que se metieron Tom Smith y los suyos. Cuando antes la sombra de The Chameleons y Kitchens Of Distinction planeaba sobre sus discos ("The back room", 2005, y "An end has a start", 2007) ahora lo hace la de Depeche Mode, Kraftwerk e incluso Eurythmics (su single Papillon parece el reverso tenebroso de Sweet dreams are made of this).La razón es el cambio de las guitarras por los teclados, sintetizadores y efectos varios. Que nadie espere recuperar la tensión eléctrica de Munich o del tema que daba título a su anterior disco. El fondo y el mensaje ganan en profundidad, pero la forma pierde empuje, algo que también se traduce en sus directos: hay una diferencia abismal entre las viejas y las nuevas composiciones. Tom Smith mantiene su buena y particular voz, pero parece que de un momento a otro se vaya a transfigurar en Gary Numan (The big exit, I want a forest) o Dave Gahan (You don't know love, The boxer). Únicamente a primera vista mantienen la marca del grupo la mencionada Papillon, Bricks and mortar y Like treasure.
A tenor de las palabras de la banda de Birmingham, parece que sus intenciones de aquí en adelante son seguir estos derroteros. Más que nada por una cuestión de no aburrir a sus seguidores con trabajos calcados uno tras otro. En ese caso lo mejor sería preguntarles a esos mismo fans qué prefieren, lo de antes o lo de ahora. Parece que la respuesta es clara, aunque Editors prefieran ponerse si cabe cada vez más oscuros.
Comentarios