Manchester, cuna de estilos y grupos trascendentales en la historia de la música década tras década. Y lugar idóneo para la germinación de artistas y bandas del pelaje más diverso. Según parece, la lluvia perpetua y el clima gris de la ciudad obligan a sus habitantes más jóvenes a encerrarse en casa para tratar de olvidarse de sus rutinarias vidas a base de practicar con algún instrumento musical, no sólo guitarras. Éste es el ejemplo de Hurts, dúo formado por Theo Hutchcraft (voz) y Adam Anderson (teclado). Es precisamente el sonido analógico propio de los ochenta el que caracteriza a la pareja, empezando por Gary Numan hasta The Beloved, pasando por The Human League. Su single de presentación, Wonderful life (sí, como el one hit wonder de Black, del que incluso le debe una pequeña parte), lo resume a la perfección: sobre una base sencilla y en aparencia fría la melodía se despliega con dulzura y candor, como queriendo evitar el significado del nombre del dúo y decir que no todo en la vida duele. Sólo hay un pero: el videoclip que acompaña a la canción. No era necesario tomarse el papel de ochentero tan en serio a pesar de la falta de medios. Esperemos que a medida que tenga mayor resonancia la refuercen mejor visualmente. No ocurre lo mismo con la remezcla producida por Arthur Baker, que aprovecha toda su pulsión bailable sin perder sus tonos en blanco y negro.Y haciendo el camino a la inversa que clamaban The Stone Roses en su canción Daybreak, un salto de Manchester a Georgia, Estados Unidos. A Perry, concretamente, lugar perdido de la mano de Dios que parece hecho a medida para la música de Ernest Greene, alias Washed Out. Otro caso de hazlo tú mismo tan en boga de un tiempo a esta parte desde que gracias a las nuevas tecnologías se puede crear música sin salir de casa. Aunque hay que separar el grano de la paja, y aquí hay mucho grano. Tras colaborar en varios proyectos de s
u localidad natal y alrededores, el bueno de Greene se embarcó en solitario con el nombre de Lee Weather para posteriormente pasar a ser Washed Out y publicar su EP "Life of leisure". Un mini álbum que guarda en su interior seis gemas electrónicas deudoras de las mejores melodías sintéticas de los ochenta (otra vez) y los noventa, de Air y de los Daft Punk más reposados, incluso de la brillantez de Maps. Ésa es la sensación que desprende sus creaciones: tranquilidad, ensoñación, hipnotismo y delicadeza, sin caer en el batiburrillo del desgastado y denostado chill-out. De los citados seis cortes destacan las número par, New theory, Feel it all around y You'll see it, vías de escape para soportar lo mejor posible el duro invierno pensando en playas de arena inmaculada, atardeceres soleados y noches templadas. Su álbum va por buen camino para iluminar con su fulgor el 2010. Sólo hay que esperar que los recopilatorios del Buddha Bar y Café del Mar no lo conviertan en carne de cañón de locales cool y salas de espera de dentistas.Y ahora algo de producto nacional, si se puede denominar así, porque Anika Sade combina sangre argentina y holandesa asentada en Barcelona: Federico Weiss (argentino, guitarra y voz), Federico Zarza (también argentino, bajo y sintetizadores) y el neerlandés Kla
ss Broekema (batería). Siguiendo la línea trazada anteriormente, los ochenta vuelven a aparecer en este caso, vía New Order (como en el primer corte de "Last night was automatic", Name that face) cuando deciden seguir a pies juntillas el ritmo del bajo, y The Cure cuando la oscuridad se apodera de su razón de ser. O de la propia voz de Weiss, como en Just wait, en el que la cara de Robert Smith parece revolotear risueña y jovial a medida que transcurre la canción. A partir de ahí las fuentes de las que bebe Anika Sade se extienden: si miramos atrás, Echo And The Bunnymen (Watch out); y si nos quedamos en la actualidad, Editors (Paranoid progress). Por ello habría que incluirlos en la misma liga que juegan bandas coetáneas de nuestro país como We Are Standard, CatPeople o incluso Cycle dada su vertiente electrónica. El devenir del año que acaba de comenzar dirá si tienen la capacidad de distanciarse de ese creciente conjunto de grupos que, si bien en muchos casos vienen demostrando su calidad, no pueden negar la homogeneidad de su sonido.
Comentarios