Ir al contenido principal

HOT CHIP - ONE LIFE STAND

A pesar de que casi todo el mundo conoce a Hot Chip gracias al exitoso "The warning" (2006), la trayectoria del combo británico se remonta seis años atrás, cuando publicó su primer EP, titulado "Mexico". En aquella época, el grupo liderado por el peculiar Alexis Taylor (con la figura de Joe Goddard siempre a su vera), intentaba hacerse un hueco en el mundillo de la indietrónica a base de ritmos vaporosos y tecnología acústica, que combinaba la intensidad de nombres como Jeff Buckley y Nick Drake con los postulados del trip-hop vía Portishead. Viendo los escasos resultados obtenidos con sus largos "Sanfrandisco e-pee" (2002) y "Coming on strong" (2005), Taylor y Goddard decidieron dar un giro de 180º a la situación fichando por el sello DFA de los insignes James Murphy y Tom Goldsworthy, un tandem que a mitad de la década pasada convertían en oro todo lo que pasaba por sus manos. Y eso fue lo que hicieron con Hot Chip, cuyo EP "Over and over" (2005) anticiparía el torrente creativo de "The warning", centrado en beats más bailables pero sin olvidar la estructura pop de cada canción. Su continuación, "Made in the dark" (2008), prolongó esa brillantez y la dotó de un envoltorio de luz de neón.
Tras esos dos aciertos en la diana, se suponía que el tercer dardo seguiría la misma dirección para triunfar de nuevo. Se puede decir que "One life stand" lo consigue en parte. Porque, no sin cierta sorpresa, el dúo que sustenta a Hot Chip retorna a la simplicidad de sus orígenes y recupera los elementos orgánicos que cada vez introducían menos en sus canciones. Así que nada de capas y capas de efectos y sonidos juguetones, que al mismo tiempo se habían convertido en su seña identificativa, aparte de la voz de Alexis Taylor. Tampoco habría que denominarlo como un trabajo emocional, sólo que esta vez no todo está destinado al movimiento discotequero. Las únicas piezas que se acercan a ese cometido son la que titula el disco, We have love (muy ochentera, en la que parece que de un momento a otro vaya a sonar el falsete de Jimmy Sommerville) y Take it in. En el lado opuesto reposan los momentos más intimistas y cálidos: Brothers, cantada por Goddard y que se acerca peligrosamente al Lovers in Japan de Coldplay; Slush, una balada de largo desarrollo que muestra el gusto de Hot Chip por las melodías bien trabajadas; Alley cats, un mano a mano entre las voces de Goddard y Taylor; y Keep quiet, cuyo mismo título incita a la calma.
A medio camino entre unas y otras es donde se vislumbra el cariz más pop de este álbum. La inicial Thieves in the night salta sobre unos teclados que bien podría haber firmado Jean Michel Jarre, al igual que sucede en I feel better. Entre ambas, Hand me down your love, a la que le quedan de maravilla los arreglos de cuerda, se podría definir como la más natural de todo el conjunto.
Lo que no se puede negar de Hot Chip es que nunca abandonaron sus convicciones musicales. En todos sus trabajos se distingue la esencia pop que siempre los caracterizó a pesar del uso de ordenadores y máquinas varias para materializarlos (no hay que olvidar la gran versión que hizo Mac Macaughan, alias Portastatic, de And I was a boy from school con guitarra acústica). Se supone que "One life stand" es la primera etapa de una nueva fase para el grupo, hasta que se acerque el momento de dar otro revitalizante giro en su carrera.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LOS PLANETAS - CUATRO PALOS (EP)

De repente comienza a sonar como salvada del polvo del olvido una cuerda rasgada con intenso dolor. Y justo a continuación, sin perder ese sentimiento, entra la voz de Manolo Caracol y el lamento de una guitarra flamenca. Es la significativa puerta de entrada de lo que vendrá después, una robusta melodía cuya letra llena de fiereza empieza así: "No hay flor como la amapola ni corazón como el mío...". La voz de J se desliza para rendir un merecido homenaje al cantaor sevillano (cuyo tatarabuelo era llamado El Planeta ; la conexión se cierra definitivamente) a través del "Romance de Juan de Osuna", el primero de los cuatro palos que interpreta el grupo granadino en este anticipo de su inminente nuevo disco. Después del desgarro del romance, toca peteneras. "No sale luz esta noche" deja brotar su melancolía para, como no podía ser de otra manera, borrar el rastro de un corazón que se desangra de tristeza. Argumento de sobra conocido como una de las bases fu...

La unión de Los Planetas y Niño de Elche hace la Fuerza Nueva en “Los Campanilleros”

Las alianzas establecidas por Niño de Elche con Los Voluble, Toundra (como Exquirla) y, más recientemente, C. Tangana han demostrado que la radical heterodoxia flamenca practicada por Francisco Contreras es capaz de adaptarse a cualquier género (en los casos expuestos: techno bailable, rock abrasivo y bolero, respectivamente); y, a la vez, permea cada campo estilístico que toca. Así que, conocida esa elasticidad creativa, sólo cabía esperar a que, más tarde o más temprano, se consumara la conexión entre Niño de Elche y otra célula que lleva varios años explorando los límites de la música tradicional andaluza: Los Planetas, con cuyo “La Leyenda del Espacio” (2007) empezaron a sentar las bases de una inmersión cada vez más fructífera en el legado histórico de los sonidos sureños, fusionados de modo simbiótico con su acostumbrado pop-rock psicodélico. El test en directo que esta unión artística pasó a finales de noviembre de 2018 en la madrileña Casa Patas empezó a perfilar públ...

LA ROUX - LA ROUX

La década de los 80 ha vuelto, todo el mundo lo comenta y lo difunde. Y se va a quedar por mucho tiempo. De ahí que proliferen en cualquier ámbito referencias que nos llevan a esa época y parte de la historia. Musicalmente hablando, a comienzos del esperado y a la vez temido año 2000 ya se vio la primera punta de lanza de este revival. El denominado electroclash irrumpió con tal fuerza que engullió a su paso todo aquello que no tuviera nada que ver con la laca, las hombreras, el maquillaje y los sintetizadores. El principal defecto de toda aquella corriente y que a la postre sería su certificado de defunción fue que se mostraba demasiado artificial, y se centraba casi exclusivamente en triunfar en las pistas de baile. Salvo honrosas excepciones (Felix Da Housecat y Miss Kittin), los "one hit wonders" eran el pan de cada día y los supervivientes de aquel tsunami electrónico se pueden contar con los dedos de una mano. Ahora toca vivir la segunda fase de aquella invasión, con do...