La temporada musical 2005-2006 será recordada por el torbellino Arctic Monkeys y el rastro que dejó tras de sí. Seguramente, cualquier intento de formar una banda en esa época que se encuadrara en su mismo estilo se vería como un suicidio artístico: ¿quién haría caso a tal osadía, cuando los chicos de Sheffield se lo comían todo? Hubo algunas bandas noveles que, llevadas por la corriente, se atrevieron a asomar la cabeza, caso de The Pigeon Detectives, The Maccabees, Boy Kill Boy o The Rifles. ¿Alguien se acuerda de ellos? Salvo menciones esporádicas, nadie les siguió dando coba, ni siquiera en su Gran Bretaña natal.En medio de esa tormenta había otro grupo, Good Shoes, que daba sus primeros pasos y cuyas expectativas no iban más allá de aparecer en algún momento en las páginas del NME. Eso lo acabarían logrando, aunque todavía quedaba por ver qué sería de ellos en el futuro. La juventud de los londinenses Rhys Jones (cantante y guitarrista), su hermano Tom (batería), Joel Cox (bajista) y Steve Leach (segunda guitarra) les dio la valentía necesaria para olvidarse del entorno y sacar adelante sus canciones. En algún momento la euforia de los monos árticos se acabaría y habría oportunidades para otros.
Su debut, "Think before you speak" (2007), los encuadraba en ese estilo denominado pop-rock angular, centrado en revisar la herencia del post-punk y la new wave, que tenía (y tiene) a Maxïmo Park, The Rakes o The Futureheads como banderas. Sin embargo, su precocidad no encajaba del todo en esas influencias, ya que sus guitarrazos parecían moverse a mayor velocidad. Tuvieron que pasar tres años para refutar esa tesis. Aunque, un momento... El mismo título del álbum, "No hope, no future", deja a las claras que algo ocurrió en ese tiempo: los propios componentes del grupo alcanzaron la madurez personal o tenían intención de variar su mensaje juvenil.
¿Y la música? Bien, gracias. La carta de presentación, The way my heart beats, es inmejorable, con la voz doblada y el ritmo dislocado a mil por hora. Quizá sea lo más cercano a lo que ofrecían Good Shoes en el pasado, porque sin reducir las pulsaciones por minuto entran las más oscuras I know (contada más que cantada), Under control (apoyada en un gran bajo) y Times change, que refleja esos cambios en la vida del cuarteto. Al mismo tiempo sorprenden los acercamientos a estructuras musicales no tan familiares para la banda, como las que ejecutaba Devo para materializar sus espasmos rítmicos. De ahí parecen sacadas Do you remember y 1000 miles an hour. Y ya que al principio hablaba de Arctic Monkeys, algo queda de ellos (de la época de su explosivo debut, no de la de ahora) en estas diez canciones, como en Our loving mother in a pink diamond y Then she walks away. Todo ello quedaría registrado en su haber. En su debe aparecería Everything you do, totalmente prescindible y que además chirría al estar colocada como segundo corte del LP.
Dados los tiempos que corren, que una frase como "No hope, no future" encabece un disco no ayuda demasiado. Tampoco es que haya que recurrir a trucos baratos de optimismo como los que practican los autores de pseudo-lemas del estilo de Esto lo arreglamos entre todos... Es preferible quedarse con una buena ristra de canciones que alegren el día, o que le den sentido a pequeños enigmas cotidianos. Por eso también hay futuro y esperanza para Good Shoes.
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