
Según dictan los libros de historia de la música popular, el shoegaze primigenio dio sus últimos coletazos a finales de los 90, cuando My Bloody Valentine no conseguían dar continuación a su obra magna "Loveless", Ride y Slowdive se estaban desintegrando y el discurso de Catherine Wheel se perdía en un pastiche de rock pesado sin orden ni dirección. Ante ese panorama desolador se daba por hecho que el sonido de aquellas guitarras distorsionadas se apagaría definitivamente... hasta que más adelante surgiera el revival pertinente para evitar que el estilo pasase al olvido. Eso ocurrió hacia mediados de la década pasada, gracias al empeño de bandas como Airiel, Secret Shine o los propios Air Formation. Los de Brighton (Matt Bartram, Ben Pierce, Paul Browning y Richard Parks) decidieron seguir los cánones clásicos (que no rígidos) del género para darle el brillo que nunca debió haber perdido: ya era hora de dejar de acudir a recopilatorios para recordar lo maravilloso de aquellos años. Así que, en cuanto a sonido, no había sorpresas en el debut de los británicos, "Ends in light" (2002), ni en los siguientes "Stay inside/Feel everything" (2005) y "Daylight storms" (2007). Ante lo que surgía la pregunta recurrente: ¿el grupo no sería una simple copia de sus referentes? Bueno, realmente en parte sí, por aquello de que se sumergían de lleno en capas y capas de feedback y electricidad, y la voz de Bartram parecía querer salir de este mundo para alcanzar una realidad alternativa mejor. Sin embargo, el fondo de todo ello, el mensaje, se movía en los parámetros marcados por grupos más dedicados a hurgar en la oscuridad del ser humano, como hicieron (y hacen) The National. Con lo cual, se puede deducir que Air Formation es una mezcolanza bien realizada de todos los nombres hasta aquí mencionados.
Su cuarto trabajo, este "Nothing to wish for (nothing to lose)", lo demuestra con creces: no se sale de las pautas de sus antecesores pero da un pasito adelante. Es decir, la eterna melancolía inherente al grupo sigue presente, salpicada por leves lamentos de desesperación, desgracia y resignación (no hay más que fijarse de nuevo en el título de este álbum). De ahí que la solemnidad de esos estados de ánimo presidan el inicio del LP con Three years pass y, sobre todo, Stars and knives, epopeya al sentimiento de pérdida elevada a la máxima potencia. Esa plegaria se corta con la entrada de Low december sun, más viva en cuanto a ritmo pero sin perder profundidad, al igual que Meltdown. Todos los demás cortes se mueven en terrenos fangosos delimitados por la tristeza y el drama, se supone que intentando encontrar la forma de salir de ellos, aunque al final quede el regusto amargo del esfuerzo de remar y remar para morir en la orilla: la lista empezaría con Alone at last, seguiría con la potente línea de bajo de Don't wait 'til dawn, el hipnotismo de Until today, Like I hold you y Cut through the night, y remataría con Distant silhouettes. Una auténtica biblia del dolor atizada por látigos eléctricos para aplacar sus efectos negativos.
Puede que "Nothing to wish for (nothing to lose)" no esté recomendado para todos los oídos, porque los motivos para acercarse a él son muy concretos y precisamente por los que nadie quiere sufrir. Por ello, llegado el caso de que haya que afrontarlos, una buena dosis de Air Formation no vendría mal. Y olvidaos de las comparaciones con el pasado.
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