THE HIGH WIRE - THE SLEEP TAPE

Este disco ya no debería suponer ninguna sorpresa a estas alturas de año, dado que lleva unos meses en circulación tanto por el mundo musical virtual como por el real. De hecho, en este mismo espacio se mencionó a los británicos The High Wire como una de las posibles revelaciones del año. Pero como suele pasar en estos casos, parece que esa sensación la tenemos sólo unos cuantos (privilegiados). Que levante la mano el que escuchó al menos una canción de este álbum... No veo demasiadas. Esa es la cuestión a evitar: que grupos a los que ni siquiera se les vea asomar la cabecita se queden perdidos en el olvido inmerecidamente.
La propuesta que ofrecen los británicos se basa en los postulados del shoegaze más pausado, melódico y menos ruidista combinado con la suavidad del dream pop. Sería fácil meterlos en el cajón de, por ejemplo, Beach House, pero también comparten elementos de otras bandas actuales como The Pains Of Being Pure At Heart (en su vertiente más alejada del twee-pop) o clásicas como Ride y Cocteau Twins. Independientemente de las referencias o comparaciones, lo que queda claro tras escuchar "The sleep tape" es que en un mundo ideal se convertiría en la mejor banda sonora para sobrellevar el invierno y sus días dibujados con carboncillo. Si no, probad a acompañar la caída de las gotas de lluvia contra la ventana con The midnight bell (y si es de noche mejor): parece que la capa de melancolía que podría cubrir tal momento desparece por arte de magia. Algo similar sucede con los coros ascendentes de Hang from the lights e It's no secret.
Otras veces, lo que ocurre es que parece que algo (bueno) va a ocurrir, pero pasa el tiempo y no llega (dije algo; ¿y si fuese alguien?). Para esos momentos de espera lo recomendable es dejarse mecer por la vaporosidad de Sleep tape y su brillante minuto final, y la pequeña grandiosidad de Odds & evens: volviendo de nuevo a ese supuesto mundo ideal, en él esta canción se convertiría en uno de los himnos del año. A partir de este punto, las guitarras toman el protagonismo (sin olvidarnos de las voces), ya sea deslizándose sobre terciopelo (Letting in the light) o adquiriendo peso y gravedad (A future ending). Y justo antes de llegar al cierre onírico (Bodyclocks), The High Wire dan un salto en el tiempo hasta los 50/60 para recuperar de esa época y encajar en su sonido la melodía que conforma la dulce Pump your little heart.
"The sleep tape" sería ese tesoro que pocos conocen pero, precisamente por eso, parece que se disfruta más y mejor. Todos los melómanos saben que cuando sucede algo así, uno hace suyo al grupo adorado, se aferra a él y se le tiene más cariño, y se desea que no cruce la barrera hacia audiencias mucho mayores. Pero The High Wire deberían hacerlo... si éste fuese un mundo ideal.
WILD NOTHING - GEMINI

Si The High Wire son el complemento perfecto para largas tardes invernales, Wild Nothing lo es para las estivales. Detrás de ese nombre se esconde el americano Jack Tatum, todo un bregador musical procedente de Virginia que se pasó del punk a los sonidos más propios de nombres como los antes mencionados con respecto a los británicos, aunque en este caso las guitarras poseen un fuzz más dinámico, al estilo de The Field Mice, Trembling Blue Stars, The Go-Betweens o The Cure. Lo curioso del asunto es que es el mismo Tatum el que toca todos y cada uno de los intrumentos de las canciones que componen "Gemini", su debut bajo el nombre de Wild Nothing.
Como de lo que se trata es hacer realidad sueños veraniegos (o al menos tenerlos), qué mejor apertura de disco que Live in dreams, cuyo título y letra habla bien a las claras de la atmósfera que desprende desde el comienzo "Gemini". Pero la gran sopresa aparece inmediatamente después, casi sin querer: Summer holiday, un dardo emocional que transcurre por una línea de guitarra esplendorosa y unos coros que se agarran al corazón. Una canción que, sin exagerar, es clara candidata a pasar a la eternidad. Cerca de ella, aunque a una distancia prudencial, se sitúan Confirmation y Our composition book, que obligarán a The Pains Of Being Pure At Heart a estar a la altura es su próximo LP. El denominador común de esos cortes (y de casi de todo el álbum) son las guitarras, deudoras de lo mejor de la etiqueta C86, y la voz, por momentos, celestial de Tatum: Dr¡fter, O Lilac y My angel lonely (que firmarían perfectamente los Jesus & Mary Chain menos oscuros). Otra parte de los 80 que rescata Tatum es aquella que tiene que ver con la electrónica analógica (Bored games y sus arreglos usurpados a New Order), con el aroma a pop AOR de hace 25 años (Chinatown) y, por supuesto, con Robert Smith y los suyos (vaya par de tributos que son The witching hour y Gemini).
La verdad es que no sería raro que de aquí a que acabe el verano (lo mejor de todo es que aún no empezó) un servidor acabe reproduciendo este disco día tras día como si de un ritual se tratase. Sé que lo haré irremediablemente.
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