¡Qué cabrones, lo han vuelto a hacer! Que nadie se confunda: el exabrupto es de alegría, no de indignación, como la de muchos después de escuchar "Una ópera egipcia". Parafraseando a los miembros del grupo granadino, hay gente retrógrada que difícilmente se saldrá de sus esquemas. Efectivamente, todos aquellos que tiraron a la basura la obra magna que es "La leyenda del espacio", seguro que ni siquiera tuvieron el detalle de escuchar unos segundos del último disco de J y compañía. ¿Qué querían, lo mismo de hace quince años? Me temo que no se dieron cuenta de las evidentes conexiones entre las melodías y las letras de Los Planetas de antes y de ahora. Si en el fondo, la banda nunca pudo escapar del espíritu andaluz inherente a ellos... y sobre todo, a J, auténtico culpable de todo este terremoto jondo. Nunca ocultó su pasión por la música tradicional de su tierra y todas sus variantes, las que intenta acoplar al sonido planetero de siempre desde hace tres años. O más bien, desde hace seis, porque en "Contra la ley de la gravedad" ya se intuían ciertos vericuetos hacia ese terreno. El hecho de que ese álbum fuese ignorado y repudiado a partes iguales evitó que se viese como una transición más que siginificativa hacia la siguiente parada de Los Planetas: "La leyenda del espacio", al que no es necesario verter más elogios; y el EP "Cuatro palos", comentado aquí, y que no dio demasiadas pistas sobre lo que realmente aparecería en "Una ópera egipcia". Un LP que vendría a ser la demostración de que todo lo logrado en esa época no era algo efímero ni una enajenación mental transitoria de J. Gracias, por otra parte, a la libertad que proporciona la autogestión, que permitió que el grupo desarrollase su tarea sin restricciones ni órdenes de terceros.Del mencionado EP, aquí sólo aparece (como era sabido) Romance de Juan de Osuna. Y hay otros dos temas ya conocidos de antemano: la gran Corona de estrellas, incluida en su momento en la banda sonora de la película "La habitación de Fermat" (2007); y Soy un pobre granaíno, integrada en la retrospectiva de Los Planetas "Principios básicos de astronomía" (2009). El resto, inéditos, con muchísimo grano. Empezando por la instrumental La llave de oro, que en principio iba a llevar letra y la voz de Enrique Morente, aunque por diversas causas tuvo que quedar tal cual.
Un punto de confusión antes de la publicación de este trabajo fueron las declaraciones de J afirmando que introducirían varios elementos electrónicos. Pues dicho y hecho: Siete faroles (pegadiza como un chicle) y La veleta lo atestiguan, y dejan claro la obsesión de Banin por el uso de teclados en sus canciones. Quedémonos con la segunda de ellas, interpretada por Ana Fernández-Villaverde, La Bien Querida, la otra estrella de esta ópera. De estructura resultona, el aire que le da Ana indica que algunas composiciones de Los Planetas quedan de maravilla con voz femenina. Además, otro punto a su favor: coloca el listón mucho más alto que cuando colaboró Irantzu Valencia (La Buena Vida) con J en Y además es imposible. Pero no tanto en La Veleta, sino en No sé cómo te atreves. En una especie de recreación de ese género extendido por Pimpinela, J y ella se introducen en una discusión de pareja (él, pasivo; ella, furiosa) que hacen del tema uno de los culmens compositivos de la banda.
Se podría decir que ésta sería la parte más diáfana y pop del lote. Luego viene la parte psicodélica (por los desarrollos, no por la letra) y cósmica, iniciada por Señora de las alturas (que recupera el espíritu espacial de "La leyenda del espacio", valga la redundancia), continuada por Atravesando los montes y rematada en la cumbre del universo por Virgen de la Soledad. ¿Que no es suficiente? Calma, que todavía queda La pastora divina, dirigida por el maestro Morente, Antonio Arias al bajo y, lógicamente, Eric a la batería: el trío de "Omega" (1996) al completo, para que no haya duda de que "Una ópera egipcia" no es ningún juego de niños. Para el final queda la larguísima y lisérgica Los poetas, para el disfrute de J (nadando entre textos del Antiguo Testamento) y su forma de deslizar las palabras (sin entenderle demasiado, todo sea dicho).
Volvamos al título del disco: "Una ópera egipcia". Es una expresión muy usada en el mundo gitano para designar aquello grandioso, increíble, hecho por hombres pero como si lo hiciese algún dios. No voy a decir que el álbum sea algo así, para eso todavía quedaría un trecho que recorrer... Pero se le acerca, aunque "La leyenda del espacio" está por delante. Así que, para esos escépticos de estos Planetas tradicionalistas (que no tradicionales), una advertencia: la senda seguirá esa dirección, que nadie se sorprenda dentro de un tiempo.
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