A la banda pamplonica El Columpio Asesino le llegó la hora del triunfo; al menos, entre la audiencia patria que anhelaba un hit nacional alternativo fácil de digerir, que se pudiera bailar sin que se notaran sus carencias de coordinación y chapurrear su letra sin dificultad en estados alterados de conciencia. Toro, single de adelanto de “Diamantes” (cuarto disco del quinteto), poseía esas credenciales y algunas más: desarrollo kraut-rock ascendente, guitarras afiladas y final explosivo (en la línea del aquel otro semi-éxito que llevaba su firma: Ahah). Sin entrar a analizar su letra ni su estribillo, entre desarmante y simplista, logró colarse en todos los reproductores de la nación indie hasta convertirse en una especie de canción del verano sin fecha de caducidad. Lo malo del asunto es que la onda expansiva de Toro ocultó las virtudes (paradójicamente) y los defectos del álbum: de un lado, un corte del calado de Perlas quedó en un plano secundario, cuando es lo mejor del lote; y, del otro, se disimuló el hecho de que “Diamantes” flaquea en conjunto al existir una gran diferencia entre su primera y su segunda mitad. En la parte del haber se encuentran reflejadas la sensibilidad de la homónima Diamantes, los ecos tribales-cósmicos de Corazón anguloso y el lifting practicado al On the floor, original de We Are Standard (del mismo modo que lo habían hecho anteriormente con el Vamos de Pixies); en la del debe, el resto del repertorio, que se pierde en juegos nada complicados con títulos basados en grupos foráneos (MGMT) o, directamente, en drogas (MDMA). Elaborado el balance final, es posible pensar que El Columpio Asesino no lo buscaran premeditadamente, pero “Diamantes” se verá de aquí en adelante como el disco que incluye esa canción tan tarareada y celebrada… ¿Cómo se llamaba?+Spotify
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