La épica, sin control, no sirve de nada. Y en la composición musical, menos. Los escoceses Glasvegas se caracterizaron por saber manejarla con osadía y darle una forma adecuada y contenida para expresar historias extraídas del diario personal de su cantante, James Allan, cuya silueta mezcla el físico de Joe Strummer con la afectación de Brett Anderson. “Glasvegas” (2007), su primer trabajo, alcanzó la cumbre del pop sensiblero de hace cuatro temporadas gracias al discurso que encerraba en su interior (pérdidas familiares, muerte, males de la sociedad actual, auto-culpabilidad…) y la manera que Allan lo hacía llegar al mundo: su voz, a pesar de mostrarse manierista y barroca, resultaba creíble a la par que epatante. Llegado el momento de afrontar el reto del difícil segundo disco, Allan tiró la casa por la ventana, literalmente: cogió a sus compañeros y se los llevó a una mansión playera de California para comenzar la grabación de “EUPHORIC /// HEARTBREAK \\\”. Entre USA y UK gestaron la que debería ser una obra que prolongara dignamente las bondades de su debut, pero acabaron construyendo un LP de dimensiones dramáticas desmesuradas. Aunque sus primeras señales no lo eran tanto: Euphoria, take my hand y The world is yours presentaban las mismas óptimas hechuras de sus predecesoras. Sin embargo, a medida que transcurre el minutaje y se va abriendo de par en par el corazón de Allan a través de pasajes ultra-dolorosos como Whatever hurts you through the night y auto-compasivos como Stronger than dirt ((homosexuality pt.2)) y I feel wrong ((homosexuality pt.1)), comienzan a caer del cielo toneladas de azúcar y litros de lágrimas hasta inundarlo todo, sin ofrecer nada a lo que amarrarse para evitar el hundimiento. Al final, tal tempestad emocional no deja de ser una épica manera de perder la cabeza.+Spotify
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