Los estudiosos de la nueva chanson francesa llevan años buscando la figura femenina adecuada que cubra el hueco dejado por divas eternas como Françoise Hardy, aunque en todos los casos siempre se toparon con el mismo problema: los nombres propuestos no cuajaban ni conseguían traspasar fronteras e instalarse más allá de Francia. Parecía que con Keren Ann habían roto tal maleficio, pero el paso del tiempo demostró que ella no estaba por la labor de caminar por esa senda: primero, porque su ascendencia franco-holandesa-israelí marcaba a fuego su personalidad, tan cosmopolita y global como nada chauvinista; y, segundo, porque su paleta sonora no se circunscribía a las melodías sedosas interpretadas con candorosos susurros. Sí que se pueden apreciar destellos propios de ese estilo en sus composiciones, pero su atrevimiento le llevó a revelarse contra él en el disco que le dio fama internacional, “Not going anywhere” (2003). Su consolidación definitiva con “Keren Ann” (2007) la situó en un espacio privilegiado del pop-rock no sólo francés, sino también europeo, y permitió que rompiera todos los corsés formales en el que es su sexto trabajo, “101”. En él coloca en un segundo plano la guitarra eléctrica para picotear tanto de la electrónica de alcoba (My name is trouble) como del pop setentero embellecido por el maquillaje de ABBA o el rímel de Baccara (Sugar mama). Eso sí, no se olvida de añadir, entre medias, los pertinentes tramos baladísticos melancólicos perfectos para ser mecidos por su voz: All the beautiful girls, You were on fire o la ensoñadora Strange weather. Mimbres suficientes para que Keren Ann continúe siendo considerada la principal referencia musical femenina del territorio galo, a pesar de que allí prefieran el magnetismo mediático de Charlotte Gainsbourg.+Spotify
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