Con el 2011 dando sus últimos coletazos, ya es posible afirmar sin temor a equivocarse que este no fue la temporada del lo-fi… Bueno, sí en parte, pero no al nivel paroxista que se alcanzó a lo largo de 2010: como ocurre con toda etiqueta musical acuñada artificialmente, su esperanza de vida suele reducirse a lo que dure el año en que nació (si no que se lo digan al witch-house…). A estas alturas parece que la explosión mediática de Bethany ‘Best Coast’ Cosentino y su gatito Snacks sucedió hace milenios, y que las últimas obras de Vivian Girls (y La Sera) o Wavves fueron perdiendo fuelle y relevancia en cuestión de minutos, pero la nueva ola obsesionada con la baja fidelidad no se debilitó así como así: Tennis predicaron con el ejemplo y se convirtieron en una de las sensaciones de los meses precedentes con el adorable “Cape Dory” (2011). Mientras los norteamericanos tomaban la fotografía del género más visible y vitalista, varios peldaños por debajo del dúo norteamericano, en plena escena underground británica, The Notes también componían su retrato de dicha corriente gracias a “Wishing Well”, un disco que pasó sin pena ni gloria cuando se publicó a finales de 2010, por lo que tuvo que ser relanzado tiempo después dada la valía de su contenido: cándida voz femenina, guitarras punteadas con mimo y melodías directas a la vez que poco transparentes. Sólo por piezas como Sheltered, Summer Love, Wishing Well o Nineteen (basadas en una combinación de ritmos sesenteros con pop de verdadera filiación indie) ya merece la pena guardar en un rinconcito del corazón el álbum de debut oficial de estos jovenzuelos de Southampton. Con grupos como The Notes, el lo-fi humilde y honesto, confeccionado en el patio trasero de la popularidad, siempre quedará a salvo de ser corrompido.
Con el 2011 dando sus últimos coletazos, ya es posible afirmar sin temor a equivocarse que este no fue la temporada del lo-fi… Bueno, sí en parte, pero no al nivel paroxista que se alcanzó a lo largo de 2010: como ocurre con toda etiqueta musical acuñada artificialmente, su esperanza de vida suele reducirse a lo que dure el año en que nació (si no que se lo digan al witch-house…). A estas alturas parece que la explosión mediática de Bethany ‘Best Coast’ Cosentino y su gatito Snacks sucedió hace milenios, y que las últimas obras de Vivian Girls (y La Sera) o Wavves fueron perdiendo fuelle y relevancia en cuestión de minutos, pero la nueva ola obsesionada con la baja fidelidad no se debilitó así como así: Tennis predicaron con el ejemplo y se convirtieron en una de las sensaciones de los meses precedentes con el adorable “Cape Dory” (2011). Mientras los norteamericanos tomaban la fotografía del género más visible y vitalista, varios peldaños por debajo del dúo norteamericano, en plena escena underground británica, The Notes también componían su retrato de dicha corriente gracias a “Wishing Well”, un disco que pasó sin pena ni gloria cuando se publicó a finales de 2010, por lo que tuvo que ser relanzado tiempo después dada la valía de su contenido: cándida voz femenina, guitarras punteadas con mimo y melodías directas a la vez que poco transparentes. Sólo por piezas como Sheltered, Summer Love, Wishing Well o Nineteen (basadas en una combinación de ritmos sesenteros con pop de verdadera filiación indie) ya merece la pena guardar en un rinconcito del corazón el álbum de debut oficial de estos jovenzuelos de Southampton. Con grupos como The Notes, el lo-fi humilde y honesto, confeccionado en el patio trasero de la popularidad, siempre quedará a salvo de ser corrompido.
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