Los 90 como época a reivindicar. La distorsión como bandera estilística. Y el shoegaze británico como referencia fiable y válida. Bajo esas tres premisas funciona Ringo Deathstarr, combo de Austin (Texas) que no destaca precisamente por su originalidad. A cambio, ofrece toneladas de cuerdas saturadas, feedback ondulante y estribillos tan pegadizos como las celdillas de un panal de abejas, elementos que hicieron de su debut, “Sparkler” (2009), una de las joyas ocultas de hace dos años (aunque se fue reeditando consecutivamente en 2010 y 2011). Se suponía que su sucesor, “Colour trip”, correría mejor suerte, pero se confirmó que se convertirá en otro ejemplo de buen disco semi-olvidado o en objeto de culto para los apasionados de la desfiguración galvanizada. La voz de su bajista, Alex Gehring, recuerda poderosamente a la de Bilinda Butcher (My Bloody Valentine… ¡Cómo no!); y la del guitarrista Elliott Frazier, a la de Jim Reid (The Jesus Mary Chain… ¡Por supuesto!). Ambos parecidos, más que razonables, no son ningún obstáculo para descubrir que lo que se traen entre manos no es un simple ejercicio de estilo. De acuerdo, su repertorio se aproxima a ello, pero, para empezar, la inicial Imagine hearts supera con cada escucha esa negativa condición al adaptarse perfectamente a los nuevos tiempos; y las saltarinas So high y Tambourine girl beben de las infecciosas seis cuerdas típicas del jangle pop. No falta tampoco el aderezo evocador que proporciona el carácter más sensible y delicado del feetgaze, como el que adorna a Kaleidoscope y Day dreamy, cuyos títulos describen el doble cariz que toma “Colour trip”: por un lado, se extiende por una paleta cromática variada; y, por otro, despega hacia la ensoñación más libre… Tal como lo hacían sus antecesores musicales hace justo dos décadas.+Spotify
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