Cuando llegó la hora de elaborar las listas que resumieran lo mejor de 2011 (discos, grupos, sellos, estilos…), resultó difícil dirimir quién se llevaría el gato al agua dentro de la etiqueta del indie-rock guitarrero de pura cepa (o no). Se barajaron varios nombres: Telekinesis, Cloud Nothings, Say Hi, Yuck o The Vaccines. En el saco también hubo que introducir a Smith Westerns. Los de Chicago publicaron su segundo disco, “Dye it blonde”, en enero, por lo que dio la sensación de que muchos se habían olvidado, con el paso de los meses, del impacto que supuso su salida. Más que nada porque confirmaba el gran talento que atesoraba la banda, después de que su debut, “The Smith Westerns” (2009), no mostrase todo su potencial al embarrancar en un lo-fi recalcitrante y destartalado. Por ello, la producción de “Dye it blonde” se planteó a lo grande para que toda la energía del trío aflorase y se acercase sin rubor a estilos que, en un principio, le quedaban lejos, como David Bowie o el glam: las guitarras cargadas de brillantina de Dye the world e Imagine pt.3 (esta con piano juguetón incluido), el agudo de la voz de Cullen Omori en All die Young y el ritmo bullicioso de Fallen in love no dejan lugar a dudas. Esta pirueta sonora les salió tan redonda que resulta imposible resistirse a los encantos de sus dos singles más compactos: Weekend, con un estribillo a coro de esos que se recuerdan durante largo tiempo; y la quebradiza Dance away, con un desarrollo que semeja contener dos canciones en una sola. No sería extraño que, en el futuro, Smith Westerns tomasen directamente esa dirección para acabar confeccionando el disco pop ideal. Si eso llega a suceder, desde las Islas Británicas deberían ir planteándose el hecho de que al otro lado del charco no les estarían copiando: les estarían superando en dicha materia.+Spotify
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