Stephen Malkmus nunca podrá disociarse de todo los conceptos que forjaron el mito de su banda madre, Pavement: adalides del indie auténtico (si que algo así existió alguna vez…), fundadores (voluntarios o no) de toda la ola lo-fi y padres de varias generaciones que comprobaron que el DIY y la conservación de la identidad personal era posible dentro de la cruel industria discográfica. Todo ello germinó en los 90, así que Malkmus, una vez finiquitada la historia de Pavement, trató por todos los medios de revelarse como un músico capaz de desenvolverse fuera del ambiente destartalado de la baja fidelidad. Dicho de otra manera: quería demostrar que podía subir el volumen sin problema, a pesar de que se distinguieran sus defectos y el público le recordara una y otra vez que recuperara a su grupo principal. Esto último lo acabó haciendo realidad, pero no se olvidó de que también había iniciado otra aventura tiempo atrás junto a The Jicks. La cuestión es que en la eterna comparación con Pavement, su nuevo proyecto tenía todas las de perder. Con todo, los álbumes “Pig lib” (2003) y “Real emotional trash” (2008) fueron dos grandes muestras de que al californiano aún le quedaba cuerda (de la buena) para rato. “Mirror traffic” la estira hasta certificar que Malkmus se encuentra en plena forma y que le sobra energía para ponerse contestatario (Senator), respondón (Stick figures in love), melancólico (No one is - As I are be), mantener intacta su habilidad y rapidez con las seis cuerdas (Spazz) y, por momentos, quitarse unos cuantos años de encima (Tune grief, Forever 28). Como quien dice, Malkmus ya está de vuelta de todo (lo refrenda en cada una de sus recientes entrevistas), pero, mientras tenga algo que contar al mundo, tirará hacia adelante sin tener que volver la vista al pasado.+Spotify
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