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Rescate de archivos. Fantastic Plastic Magazine. Discos (I)



S.C.U.M. – AGAIN INTO EYES
[6.7]

11.10.2011

Lo primero que viene a la cabeza cuando se revisa la pequeña biografía de los británicos S.C.U.M. es que lo suyo no es, precisamente, la originalidad. Primero, porque su nombre (acrónimo de ‘Society For Cutting Up Men’: sociedad para cortar en pedazos a los hombres) procede del manifiesto feminista radical redactado por Valerie Solanas (la cual también incluye en su currículum haber intentado asesinar a Andy Warhol…) a finales de los 60, en el que afirmaba que el ser masculino era, simple y llanamente, escoria (en inglés, ‘scum’); y segundo, porque el perfume sonoro que desprende su álbum de debut, “Again Into Eyes” (Mute / PopStock!, 2011) es bastante, por no decir demasiado, similar al de los dos últimos trabajos de The Horrors: una mezcla de fragancias post-punk oscurantista nada dañinas con agradables aromas de new-wave ochentero. Puede que la razón más evidente de esa analogía formal resida en que uno de los miembros de este quinteto londinense, el bajista Huw Webb, es hermano de Rhys, el encargado de los teclados en la banda liderada por Faris Badwan. 

Sin embargo, esa influencia tan directa aún estaba por llegar cuando S.C.U.M. dieron, hace tres años, su primer paso en formato single con “Visions Arise” (Loog, 2008), cuyo tema titular caminaba a través de las mismas catacumbas tenebrosas transitadas anteriormente tanto por Peter Murphy y sus Bauhaus como por Nick Cave y sus The Bad Seeds. Esa piedra de toque inicial daba a entender que la senda que seguirían estos cinco jovenzuelos se dirigiría irremediablemente hacia el vasto y profundo bosque del revival post-punk originado a mediados de la década pasada. Pero, una vez que se destapa su largo de estreno, se observa que a esa supuesta y esperada ambientación musical lúgubre le limaron las aristas sombrías más punzantes y le aplicaron varios vatios de luz. Dicho de otro modo: “Again Into Eyes” respira sin restos de tierra en sus pulmones y, aunque en determinadas fases sepulta su cara bajo la superficie, entorna su mirada hacia el cielo. Eso sí, con un aspecto semicubierto y borrascoso. Justamente, de idéntica manera que, y volvemos al comienzo, obraron The Horrors en “Primary Colours” (XL, 2009) y “Skying” (XL / PopStock!, 2011), de ahí que se encuentren diversos puntos de conexión entres esos dos discos y el que nos ocupa. 

Así, algunas de las etiquetas que se utilizaron para circunscribir ambos LPs servirían para delimitar las fronteras sonoras de la ópera prima de S.C.U.M., que van del pop-rock que encumbró a Simple Minds o The Psychedelic Furs (“Faith Unfolds” o la potente “Amber Hands”) a la fría desazón de Joy Division (“Cast Into Seasons”), aunque expresada sin tanto dolor ni sufrimiento. A todo ello habría que añadir otros parecidos razonables, como el de la voz de Thomas Cohen (destilada a partir de la afectación de Brett Anderson y del tono épico de Finn Andrews, cantante de The Veils) y el del envoltorio de ciertos cortes (“Days Untrue” -de lo mejor del lote- o “Summon The Sound”), que recuerda a la receta de sus compañeros de clase White Lies. No obstante, el hecho de que esta parte del contenido de “Again Into Eyes” acuda una y otra vez a referentes externos no impide apreciar sus bondades y virtudes, sobre todo porque contrasta enormemente con la segunda mitad del álbum, que cae en una especie de agujero autocomplaciente que roza el tedio. Para fortuna de los londinenses, la final “Whitechapel” salva la papeleta y pone un adecuado broche de seis (disfrutables y nada largos) minutos a un conjunto que navega entre luces y sombras, literal y metafóricamente.

A pesar de las comparaciones, queda claro que el quinteto londinense posee suficiente habilidad para explotar y manejar sus propios recursos y resortes, pero nada ni nadie les va a librar de parecer, por ahora, los actores secundarios de una escena protagonizada por The Horrors; así como tampoco nada ni nadie va a eximir a “Again Into Eyes” de aparentar ser un apéndice de los discos más recientes de Badwan y compañía. Complicada tarea la que S.C.U.M. tienen por delante: ser ellos mismos… sin que en el proceso el bueno de Huw Webb deba renunciar a su apellido ni alejarse de su ilustre hermano.






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