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Rescate de archivos. Fantastic Plastic Magazine. Discos (III)



NOEL GALLAGHER – NOEL GALLAGHER’S HIGH FLYING BIRDS
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21.11.2011

En el proceso que sigue a la ruptura de una relación suelen repetirse dos fases: el reparto de los amigos compartidos por sus dos protagonistas y la búsqueda de un destino a las fotos en las que aparecen ambos. Esto se aplica a toda unión finiquitada en la que hubo sentimientos de cualquier clase de por medio, y se puede adaptar a lo que sucedió con la previsible y cacareada separación de Oasis en agosto de 2009, una vez que los Gallagher habían decidido dar carpetazo a su trayectoria artística en común (según declaró recientemente Noel, en un arrebato propio de personaje de prensa rosa, el alcohol había matado al grupo) para tomar caminos diametralmente opuestos. En ese momento, casi se daba por hecho que Liam sería el primero en querer demostrar que había vida más allá de la banda y de su hermanísimo, y así fue: a principios de este año publicó, junto a sus antiguos compañeros de Oasis (Andy Bell, Gem Archer y Chris Sharrock), el disco “Different Gear, Still Speeding” (Beady Eye Records, 2011), debut de su nueva formación, Beady Eye. De este modo, quedaba claro que el benjamín de los Gallagher había logrado quedarse con las amistades musicales labradas durante los últimos años de la existencia de Oasis. Al contrario de lo que ocurre en el típico infierno post-ruptura, a Noel le importaba bien poco que su némesis se llevase el gato al agua en ese sentido, sobre todo porque las escapadas en solitario que había perpetrado esporádicamente para desahogarse de su absoluto liderazgo (y eso era así) en Oasis certificaban que no tendría ningún problema a la hora de manejarse por su cuenta y que, llegada la oportunidad, sería lo que más desearía, sin ningún tipo de molesta compañía.

Sin embargo, perfilado el plan maestro de cara a la construcción de su ópera prima bajo su nombre de pila y dentro de su propia discográfica, este “Noel Gallagher’s High Flying Birds” (Sour Mash Records, 2011), sí que se rodeó de viejos camaradas conocidos para darle forma en el estudio, como el teclista Mike Rowe, el batería Jeremy Stacey, el percusionista Lenny Castro y el productor Dave Sardy, quien ya había intervenido en la grabación de los dos últimos trabajos de Oasis, “Don’t Believe The Truth” (Epic, 2005) y “Dig Out Your Soul” (Big Brother, 2008). Con estos mimbres se iba intuyendo que, musicalmente hablando, Noel presentaría pocas novedades. Efectivamente, el de Manchester nunca fue aficionado a revolucionar su pensamiento ni su modus operandi compositivo, próximo siempre a célebres clásicos del pop y del rock. Eso sí, para la ocasión se alejó de las sobadas influencias beatleliana y stoniana (más del gusto de Liam, evidentes en Beady Eye) para fijar su mirada en su verdadero ídolo, Neil Young, y sus oídos en sonidos más norteamericanos (de la Costa Oeste y del sur de Estados Unidos) que británicos (si acaso The Kinks y, concediéndose una pequeña licencia que remite a su época de vino y rosas, The Stone Roses).

Por todo ello, Noel ya se había encargado de afirmar con rotundidad antes de la salida de “Noel Gallagher’s High Flying Birds” que ninguna de las canciones que se incluirían en dicho disco tendría espacio en los álbumes de Oasis. Una mentirijilla si tenemos en cuenta que algunas de ellas nacieron como demos mientras la banda aún se encontraba en activo: “(I Wanna Live In A Dream In My) Record Machine”, “Stop The Clocks” e “If I Had A Gun” y “Everybody’s On The Run” (dupla que utilizaban durante el calentamiento previo a sus conciertos), cuyo estilo sonoro no difiere demasiado de determinadas composiciones del grupo mancuniano. Así, las dos primeras se mueven según los manidos desarrollos acústicos progresivos típicamente noelianos reforzados por arreglos orquestales (cuerdas, pianos y vientos) y culminados con coros de fondo entre clasicistas y góspel; y en el otro par, la guitarra eléctrica aumenta su protagonismo hasta rozar el muro de sonido que caracterizaba los himnos baladísticos de Oasis y los estribillos adquieren mayor peso y se hacen más reconocibles. Por el contrario, para rebajar el poso épico de su discurso, Noel recurre a su afinidad por el pop-rock de raíces originario de las islas británicas y del otro lado anglosajón del charco para dar continuidad a la mecha que ya había prendido con “The Importance Of Being Idle” hace seis años a través del single “The Death Of You And Me”, “Dream On” y “Soldier Boys And Jesus Freaks”, idénticas entre sí con la salvedad del aire de vodevil de Nueva Orleans que se respira en tramos puntuales de las dos últimas. 

Hasta aquí, nada nuevo en el frente musical de Noel Gallagher, especie de aforismo que se podría extrapolar a todo el LP si no fuera porque en su parte central aparece “AKA… What A Life!”, pieza en la que confluyen reminiscencias ‘madchesterianas’ (la melodía vocal retrotrae en cierta manera a la de Ian Brown en el “Made Of Stone” de The Stone Roses) con ecos al house extático de la misma edad de oro musical (Noel confesó haberse inspirado en el “Strings Of Life” de Rhythim Is Rhythim para confeccionar la línea de piano). Toda una extravagancia si se compara con las dos canciones restantes, “AKA… Broken Arrow” y “(Stranded On) The Wrong Beach”, ejemplos de partituras pop planas y con escasa sustancia que podrían pertenecer perfectamente, y esto seguro que cabrearía a Noel, al disco de Liam y sus Beady Eye… Inevitablemente, volvemos a mencionar a los dos hermanos uno junto al otro, lo que nos recuerda que todavía queda por zanjar uno de los asuntos más peliagudos que provoca una ruptura: qué hacer con las fotos en las que se retrata a la pareja… Una de dos: se tiran a la basura (o se queman o lo que sea necesario para destruirlas) o se rasgan para que ‘el otro’ desaparezca de la estampa. Vistos los resultados, da la sensación de que “Noel Gallagher’s High Flying Birds” permitirá que la cara del mayor de los Gallagher sea la que se conserve intacta o, al menos, con más entereza, dentro del libro fotográfico (físico y mental) de los seguidores de Oasis.

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