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Rescate de archivos. Fantastic Plastic Magazine. Discos (VII)

 

PUMUKY – PLUS ULTRA
[8.5]

04.11.2011

Tara, motor, hembra. En apariencia, tres palabras que no tienen un significado común si se observan por separado, pero que cuando se relacionan bautizan a una de las bombas musicales nacionales más profundas y devastadoras de lo que va de año en cuanto a contenido y mensaje emocional: “Tara Motor Hembra” (Everlasting / Pop Stock!, 2011), el último trabajo de Nudozurdo. Que salga a colación para hablar de Pumuky y su “Plus Ultra” (Jabalina, 2011) no es una concesión gratuita, ya que el tercer disco de los canarios posee todas las papeletas para compartir con el citado álbum de los madrileños el honorífico título de obra pop-rock española más conmovedora, turbadora y sensible, que retrata con precisión quirúrgica los miedos, odios y lamentos interiores del ser humano cuando se da de bruces con la crueldad de la vida en general y de la ruleta rusa del amor en particular. Por ello, el grupo liderado por Jaír Ramírez (voz, guitarras, teclados y programación) y completado por su hermano Noé (guitarra eléctrica y efectos), Nacho Yoldi (bajo), Vicente Rosati (batería y percusiones) y Edu Martínez (teclados y sintetizadores) está en disposición de ser el otro guardián legítimo que custodie junto a Nudozurdo la llave que abre el cofre teóricamente indestructible donde cada individuo aloja los pasajes personales que fue y va enviando al infierno. 

La poesía herida de Pumuky parte de esa premisa para mirar hacia atrás, hacia el pasado, y reprocharse la manera en que transcurrieron determinados hechos que se toparon con un final abrupto. Pero también se detiene en el presente y encara el futuro para resolver esos mismos dilemas que, seguro, alcanzarán un idéntico destino, como certificando que el ser humano no está preparado para aprender de sus errores. Esta temática simbólica ya había sido la materia prima principal de su anterior referencia en largo, “El Bosque En Llamas” (Jabalina, 2009), aunque se establece una gran diferencia con respecto a “Plus Ultra”: mientras que en el primer caso se intentaba mantener viva la llama de la esperanza (amorosa), por minúscula y débil que fuera, en el segundo se admite a priori que el esfuerzo para lograrlo es duro y titánico, y sus resultados, posiblemente nefastos. Este cambio en el sentido y la orientación de su elaborada lírica (unas veces críptica; otras directa y punzante; siempre de ignición lenta) va acompañado de un interesante viraje formal que hace que sus exquisitas partituras pop y su delicado post-rock muestren su cara más oscura e incluso tortuosa. En ello tuvo mucho que ver la intervención en la grabación del LP de Raúl Pérez (miembro de The Baltic Sea y productor de eficacia demostrada a tenor de los frutos obtenidos con su propio grupo, Pony Bravo o Blacanova), que consiguió sublimar el sonido habitual de Pumuky en piezas que se abren tan lentamente como los pétalos de una flor que recibe las gotas del rocío invernal y se compactan según los cánones químicos de la bella solidez del diamante. 

Flor y diamante, dos elementos opuestos que a primera vista representan la constante lucha de contrarios que se lleva a cabo en la naturaleza y en la especie humana, pero que igualmente enseñan que, yendo más allá, pueden complementarse para exponer toda su magnificencia. Así, en “Plus Ultra” convendría atender a la traducción de su encabezamiento y saltarse el principio del álbum para dar con la razón de todos los fantasmas que pueblan su atmósfera y que se ocultan dentro de un mismo cuerpo enfrentándose entre sí: “Causa vs. Efecto” -“te busco y no te encuentro, el suelo arde, estoy sediento”-, en la cual su ritmo marcial apoyado en teclados envenenados y la sugestiva voz de Jaír ponen en alerta al oyente sobre lo que se va a encontrar en la otra oda al contraste irresoluble, “Gara” -“ya sé que eres agua y que vengo del fuego”-, que aumenta los efectos narcóticos de los sintetizadores y añade la vibración enigmática del theremin en un final ensoñador. Entre medias, el primer instrumental del disco, “Pleamar”, actúa como nexo de unión de ambos cortes tejido por varias capas de guitarras eléctricas sedosas y magmáticas que mecen su melodía melancólica. 

La confluencia del pasado con el presente (la otra pelea inevitable, ya mencionada, en la que se ve inmerso todo mortal) surge en su máximo esplendor en la gigantesca “Quinta da Regaleira” -“recuérdame de lo que era capaz si te sentía cerca de mí, y dime que amé alguna vez hasta estremecerte y explotar”-, centro gravitatorio mágico de “Plus Ultra” que establece el fondo y la forma global de todo el LP: palabras empapadas en dolor bajo cielos grises y encapotados. A su vez, “La Partida del Siglo” -“ha llegado el momento de jugar a ganar, es el día, es la hora”- y “Ángulo Áureo” -“de qué sirvió proyectar emboscadas desde el mismo ángulo áureo, todo falló, todo fue en vano”- ahondan en esa sensación de derrota que transmite mezclar el ayer y el hoy entre un piano algodonado y un teclado etéreo, respectivamente. Quizá la solución a todo este complejo conflicto proceda del atrevimiento, del riesgo a dar uno o varios pasos adelante (“Plus Ultra” -“y una corriente de aire caliente nos alzará a gran velocidad”-) para lograrlo… si los temores más escondidos no lo impiden: el segundo pasaje instrumental del conjunto, el crepuscular “La Razón Encarnada”,  da entrada a la inicialmente aletargada y luego electrificada “Moriarty y la Combustión Espontánea” -“soy como el capitán que precipitó su tripulación a otra dimensión”-, que pone a esta travesía introspectiva el ¿punto final?

No, todavía no, ya que queda por identificar el motivo primordial que empuja a Pumuky al límite. En este punto nos cruzamos con “Phoebe” -“repetí tanto tu nombre que algo crujió”-, aunque valdría cualquier otro apelativo porque, como ya confirmaron Nudozurdo en su “Tara Motor Hembra” (más opresivo, sombrío y vehemente que su análogo), el eterno femenino es el propulsor que todo lo mueve (desde el punto de vista masculino, lógicamente) y el engarce definitivo entre los dos grupos y sus respectivos álbumes. Este “Plus Ultra”, como aquel, se revela intenso y penetrante, sincero y mareante, sutil y agresivo… Sencillamente, brutal.




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