El niño se ha hecho mayor. Poco queda de aquel Dylan Mills púber procedente del este de Londres cuya vida rebelde y callejera había quedado fielmente reflejada en "Boy in da corner", su fulgurante y premiado debut de 2003. Comenzaba a gestarse una de las referencias fundamentales de lo que se dio en llamar grime, estilo derivado del UK garage, toda vez que otro de sus estandartes de la época, Mike Skinner y sus The Streets, comenzaba a desinflarse.Sus secuelas, "Showtime" (2004) y "Maths and English" (2007), lo consolidaron no sólo como el mejor contador de historias a base de rimas perfectas e inverosímiles de las islas británicas, sino también como gran orfebre a los mandos de la producción. Y en ese punto llegó el gran cambio. Como suele suceder en muchos de estos casos, el artista que solía servirse de su accidentada biografía para construir su música, se va alejando de sus raíces y se adentra de lleno en el starsystem con sus pros y sus contras. Aunque sólo sea por inercia (ya se sabe, el éxito lleva a eso inevitablemente), acaba ocurriendo. La cuestión reside en saber elegir el camino ideal y al mismo tiempo en arrimarse al árbol que mejor sombra da. Por suerte para él, es un chico muy listo. Si primero aceptó la invitación de Basement Jaxx para colaborar en uno de los cortes de "Kish kash" (2004) y salir de paso definitivamente del undeground musical, más tarde sería él mismo el que reclutaría para su beneficio a uno de los nuevos adalides de la electrónica anglosajona, Calvin Harris. De esa unión saldría el primer bombazo incluido en este álbum, Dance wiv me, y también el posterior Holiday. ¿Dizzee Rascal dando el salto al house? Cierto, tampoco hay tanta distancia entre los postulados del UK garage y el dance. El mejor ejemplo, Bonkers, el mano a mano con Armand Van Helden que reventó las pistas de todo el mundo en el que Rascal no pierde su característico flow, o Bad behaviour, en la que la pareja de baile es Tiësto (sí, el mismo DJ Tiësto). Menos mal que para los más críticos con esa traición, es decir, los seguidores acérrimos del londinense, quedan las familiares Can't tek no more (producida por Shy FX) y las aportadas por Cage, (Freaky freaky, Leisure o Money money), en las que Dizzee Rascal no se olvida de poner de vuelta y media el modo de vida actual atrapado en el capitalismo. Precisamente ésa fue la excusa para reelaborar el clásico de finales de los ochenta de Stevie V, Dirty cash, y adaptarlo a los tiempos actuales en forma de Dirtee cash con la ayuda otra vez de Cage.
Sí, está claro que el chaval habla varias veces de dinero. Status de estrella, buena vida, hedonismo... Puede que muchos ya no se crean sus mensajes. Ahora que ya no se dedica a robar coches como años atrás.
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